DISKOAK - Noegga, historias y leyendas


1. Las encinas de Ris (Joseba Gotzon / Marisa de Vitoria)
2. San Pedruco (Joseba Gotzon / Marisa de Vitoria) 
3. Los canteros de Trasmiera (Joseba Gotzon / Marisa de Vitoria)  
4. Don Gonzalo y la Duquesa (Joseba Gotzon / Marisa de Vitoria)  
5. El bando del alcalde (Joseba Gotzon / Marisa de Vitoria)
6. Ris silencioso (Joseba Gotzon / Marisa de Vitoria)
7. La puente de Helgueras (Joseba Gotzon / Marisa de Vitoria)
8. Privilegio Real (Joseba Gotzon / Marisa de Vitoria)
9. Romance en la isla (Joseba Gotzon)
10. Claro de luna (Joseba Gotzon / Marisa de Vitoria)
11. El niño moreno (Joseba Gotzon / Marisa de Vitoria)
12. Las brujas (Joseba Gotzon / Marisa de Vitoria)
13. Noja llora (Joseba Gotzon / Marisa de Vitoria)



Musika:  Joseba Gotzon

Hitzak: Marisa de Vitoria / Joseba Gotzon

Moldakuntzak:  Margarita Lorenzo Reizabal

Produkzioa: Joseba Gotzon

Artista konbidatua: Chema Puente (rabela)

Biolontzeloa: Erwin Grafe

Bibolina: Pilar Martínez

Perkusioa: Patxi Goikoetxea

Abotsak:  Itxaso Kintana

Abotsa (arta ama): Sor Josefina

Abotsa (arta alaba): Jennifer Santamaría
Azalaren diseinua eta barruko ilustrazioak: Joaquín Cano





LAS ENCINAS DE RIS


- ¿Madre, estoy muy sola, no tengo con quien jugar.

Ya no viene la gaviota que arrastró la pleamar

Cuéntame alguna historia para mis penas calmar.


- Escucha, pequeña encina, lo que voy a relatar.

Hace ya más de mil años, ¡mil años pasaron ya!,

que llegaron unos monjes para esta tierra poblar,

y en la zona de Garbijos se quisieron asentar

y construyeron iglesias y empezaron a sembrar

trigo, cebada y centeno, naranjos y un limonar.

Con ellos llegaron gentes para poder trabajar

en los campos y cultivos, en los montes y en la mar.


- ¿Dónde están aquellas gentes?


- ¡Aquellos murieron ya!,

pero formaron un pueblo, pequeño y lleno de paz.

Todo era verde y dorado, desde el Joyel hasta el Brusco,

encinas y tamarindos, tejos y nogales juntos,

con higueras y castaños y otros árboles de fruto,

tapizábamos el suelo entre la arena y el musgo.

Luego pasaron los años y las casas progresaron,

ya no eran de madera y en piedra se fabricaron

casonas con portaladas y altos muros los hidalgos.


- Y el resto, ¿qué hicieron madre?.


Se conformaron con poder seguir soñando,

pero iban a las mieses, a las vides y a los campos

todos juntos y felices, y trabajaban cantando.

¡Hoy no hay cantos como aquellos!, bellos, rítmicos y claros,

sólo se escucha en las noches el berrear del borracho.

¡Ay pequeña!, ¡hijamía!, antes veía la mar

y la torre de la iglesia, que yo la vi levantar.

Y sus campanas sonaban para a las gentes llamar

al concejo y a la misa, y para el pueblo guardar

de los barcos extranjeros que venían a incordiar.


- ¡Madre!, ¿de qué color es la mar?

 

- ¡Pobre pequeña!, no sabes la variedad de matices,

son tantos que nunca ves dos mares que se repiten.

Van desde el azul del cielo, en un día soleado,

hasta el gris como el acero cuando el tiempo está enfadado.

Unas veces está en calma, otras se mueve y se agita,

se estrella contra las rocas, brama, ruge y se encabrita.


- ¡Madre, tu estás herida!, tienes el costado abierto,

muchas ramas desgajadas y tus pies al descubierto.


- Encinuca, encinuca, mis días están contados,

las nuevas gentes no quieren que dé sombra a sus tejados,

ni tenernos en sus jardines, en las calles, ni en los prados,

y ese gigante de acero con su garra me ha golpeado,

y poco a poco me muerto, me desplomo y me desangro,

porque estas gentes no quieren que dé sombra a sus tejados.


- ¡Madre no desfallezcas!, éste es tu pueblo y tu prado

Ellos llegaron más tarde a destrozar el pasado,

pero nos quedan amigos que nos miran con agrado

y que sufren con nosotras todo lo que aquí ha pasado

Y te acarician y besan, con los ojos arrasados

porque padecen al ver un encinar asolado.

¡Madre no desfallezcas!, éste es tu pueblo y tu prado.





SAN PEDRUCO

 

Antiguas piedras coronan

la cúspide de la isla

donde guardaban al Santo

en su minúscula ermita.

 

Paraíso de gaviotas

descanso del caminante

que en solitario desea

sentir la esencia del aire.

 

San Pedruco gris y verde

rodeado por la mar.

San Pedruco gris y verde

bañado de soledad.

 

Una tarde de marejada

el Cantábrico furioso

hundió una pequeña barca

 en la que iban los devotos.

 

Al fondo del mar se fueron

entre gritos y entre llantos;

los nojeños no volvieron

a sus visitas de antaño.

 

San Pedruco gris y verde

rodeado por la mar.

San Pedruco gris y verde

bañado de soledad.

 

Ya nadie acude a tu ermita

en festiva romería

para pasear al Santo

por los callejos de la villa.

 

Yo quiero siempre soñarte

y llenar mi pensamiento

con tu profundo lamento

caminando en pos del viento.

 

San Pedruco gris y verde

rodeado por la mar.

San Pedruco gris y verde

bañado de soledad






LOS CANTEROS DE TRANSMIERA

 

A Castilla voy mujer

para sacar un jornal

para trabajar las piedras

de una hermosa catedral,

ermitas y monasterios,

iglesias y campanarios

cantero, soy cantero,

cantero transmerano.

 

No llores más mujer

que pronto pasa el verano

y cuando empiecen las lluvias

regresaré con lo ganado.

Arreglaré nuestra casa,

la corralada y establos,

y pondrás en la ventana

con todo amor unos geranios.

 

A Castilla voy mujer

para sacar un jornal

para trabajar las piedras

de una hermosa catedral,

las casonas y palacios,

los fustes y capitales,

cantero, soy cantero,

cantero transmerano.

 

En Noja te quedas tú

en los campos trabajando

y en la casa con los niños

y atendiendo a los ancianos.

Cuidando de nuestra hacienda

y alimentando al ganado,

sin que nadie reconozca

cuánto sudor te ha costado.

 

A Castilla voy mujer

para sacar un jornal

para trabajar las piedras

de una hermosa catedral,

las bóvedas y los vanos,

los atrios y las capillas

cantero, soy cantero,

cantero transmerano



DON GONZALO Y LA DUQUESA

 

Desde Trengandín a Helgueras

y siempre en la madrugada,

montada en negro corcel,

la duquesa cabalgaba.

 

En lo alto de la torre

y asomado a la ventana,

esperaba don Gonzalo

a que la niña llegara.

 

La adoraba desde siempre

desde aquella noche negra

que en chirriante carruaje

a la casona arribaba.

 

Y algo sintió don Gonzalo

que le penetró en el alma

y su corazón le dijo

que esa niña era su amada.

 

Con el pasar de los años,

don Gonzalo suspiraba,

si la veía pasar

y si con la dama hablaba

los bellos ojos del hombre

dejaban de ver y amaban,

pero los de la duquesa

con otro varón soñaban.

 

Una mañana de mayo

la duquesita lloraba

al ver partir hacia Flandes

al muchacho que adoraba.

 

Y pasaron muchos años

sin que el soldado volviera,

mientras ella cabalgaba

sobre espumas, sol y arena.

 

Un atardecer de otoño,

cuando el sol ya se acostaba,

se supo que el guapo mozo

había regresado a España.

 

Y entre la playa y la casa

la duquesita oyó

que el galán se había casado

en Flandes cuando llegó.

 

Algo se rompió por dentro,

por fuera nada se vio,

el frío asomó a sus ojos

y la sonrisa murió.

 

El hidalgo don Gonzalo

nunca su amor descubrió,

pero ayudó a la duquesa

a superar su dolor.

 

Al cabo de algunos años

la pestilencia atacó

con furia todas las casas

y la niña se enfermó.

 

Con la muerte en la mirada y mecida entre sus brazos,

don Gonzalo susurró:

"¡Siempre te quise, Mariana!".

 

Y la duquesa musitó:

"Te amé desde la mañana

en que conmigo lloraste

las desdichas de mi alma".

 

Murió la duquesa, cumple su hermana





EL BANDO DEL ALCALDE

 

Molinero, molinero,

traigo un bando del alcalde

pa que cierres el molino

a las siete de la tarde.

 

A las siete de la tarde,

molinero,

a las siete de la tarde.

 

Que las nojeñas se pierden

jugueteando en los sacos

y el alcalde ya no quiere

que bailen con los

muchachos.

 

¡Anda!, ve y dile al alcalde

si no recuerda que antaño,

cuando él era mozuco,

bien que pasaba aquí el rato.

 

A las A las siete de la tarde,

molinero,

a las siete de la tarde.



RIS SILENCIOSO

 

Rompen las olas

corre la espuma

sobre la arena

en la penumbra.

 

Allá en lo alto

un campanario

luce señero

y solitario.

 

Al otro lado

se ve una torre sola se encuentra

entre encinares

 

El sol se pone

tras las montañas

nada se oye

todo está en calma.

 

Y las gaviotas

ya se acostaron

en San Pedruco

donde anidaron.

 

Ris silencioso

el viento ruge

sube la arena

todo lo cubre.

 

Cae la bruma

nace la noche

la mar inquieta

me sobrecoge

 

Ya huele a mar

ese es mi aroma

ese es el ruido

que me enamora






LA PUENTE DE HELGUERAS

 

Bajo la puente de Helgueras

y l ría de Garbijos

navegaban las pinazas

cargadas de suministros.

 

Unas iban a la Rota

otras hasta la Angarilla

y allí acudían las gentes

a comprar lo que traían.

 

Al regresar se llevaban

las naranja y limones,

nueces, higos y castañas

y madera de sus montes.

 

Y luego la mar cegó

los ojos del viejo puente

y nunca jamás surcaron

otras naves su corriente.

 

¡Ay! pobre puente de Helgueras

la ría ya consiguió

crecerse con las mareas

y a tu altura al fin llegó.

 

¡Ay! pobre puente de Helgueras

que sin ojos te dejó

 






PRIVILEGIO REAL

 

Soy hermosa como el mar

en cuya orilla nací

soy verde como mis montes

dorada como la arena

azul como el cielo limpio

y gris como la tormenta

arrullada por las aves

y azotada por las olas

agitada por los vientos

y el grito de las gaviotas.

 

Noja soy.

 

Las encinas me acompañan

desde los tiempos remotos

arraigadas en mi entraña

son testigos silenciosos

que conocen mis secretos

mis penas y sufrimientos.

Algo se mueve aquí dentro cuando las siento llorar

por las que se van muriendo

por desidia o por afán.

 

Noja soy.

 

Fui cuna de nobles gentes

y también de gentes nobles

que con ardor defendieron

mi vida y mi libertad.

Supieron luchar unidos

por mi bien y por el suyo

y entre todos consiguieron

un privilegio real.

 

Noja soy





ROMANCE EN LA ISLA

 

Suenan las olas y el aire frío

miro el mar y eres tú

allí reposan viejos deseos

que nunca pude decir

y en el silencio del crudo invierno

los lloro junto a ti

recuerdo tu mirar, cuán sincero y sin par

tú, yo y el mar.

 

Este escenario me trae recuerdos

al oír tu risa senil

y hoy que he perdido el miedo al miedo

confieso mi sentir

se escapó el tiempo de nuestro momento

pero vives en mí

recuerdo tu mirar, cuán sincero y sin par

tú, yo y el mar



CLARO DE LUNA

 

Claro de luna, noche perfecta,

Noja se duerme, nadie despierta.

Nada se mueve, todo está quieto

sólo se escucha gemir al viento.

 

Allá en el fondo de las marismas

las aves sueñas con ellas mismas

se ven cruzando los anchos mares

surcando el cielo de las ciudades.

 

Recuerdan tristes las que quedaron,

sus cortas vidas ya se agotaron

sus pobres alas no pudieron

batir el aire y no volvieron.

 

En la espesura de los carrizos

las cigüeñuelas y avetorillos

patos cuchara y zampullinos

en el silencio buscan cobijo





NIÑO MORENO

 

Niño moreno, niño del alma,

al alba pasas por mi ventana

con la sonrisa siempre colgada

de un rostro triste y triste mirada.


De andar cansino como el que espera

que la Fortuna llegue a su vera,

y separarse de la Pobreza

su única amiga y fiel compañera.

 

Cuando caminas por la Salceda

la mar contemplas y allí tu esperas

que de élla surja el dios Neptuno

que ponga fin a tanto infortunio.

 

Allá en el fondo del mar oscuro

tu padre duerme un sueño profundo

y tu deseas con rabia y pena

que el mar se seque y quede la arena.

 

Niño moreno, niño del alma

tus ojos negros siempre me llaman

llegan por dentro, dentro del alma.

Niño moreno, niño del alma.

 

Ellos me cuentan de tus pesares,

de tus angustias y soledades,

buscan ansiosos un rostro amigo,

una sonrisa, amor y olvido.

 

Tú ya no puedes con todo el peso

que en breves años entró en tu pecho

sólo deseas jugar con niños,

comer caliente, dormir tranquilo.

 

Miras inquieto a tu pobre madre

con la esperanza de que élla te hable,

pero no tiene fuerza en el cuerpo

sin ilusiones se está muriendo.

 

 

Niño moreno, niño del alma

vénte conmigo, vénte a mi casa,

y así podremos juntos cuidarla,

Niño moreno, niño del alma





LAS BRUJAS

 

Aquí en el barrio de Helgueras

entre gritos y hogueras

nos juntábamos tres mujeres

y jugábamos a conjurar.

 

En las noches más oscuras,

y en las de la luna llena

invocábamos entre cantos

a nuestro dueño y dios: Satán.

 

Rociábamos los cultivos

con unos polvos secretos

y al unísono gritábamos:

"¡aquí roña y no pan!".

 

La sequía hacía estragos

y las  mieses se agostaban,

¡hay que buscar un culpable

para las furias calmar!.

 

Aquellas tres pobres locas

fueron un blanco perfecto

y al inquisidor denuncian

ser las causantes del mal.

 

Encadenadas y presas

las someten a suplicio

hasta que las tres confiesas

haber tostado a un niñito.

 

En la cárcel de Logroño

una y otra vez declaran

lo que los inquisidores desean

para poderlas juzgar.

 

¡Pobres nojeñas locas!,

vestidas con sanbenitos

recorren aquellas calles

hacia la pira fatal.

 

Entre las llamas perecen

tres mujeres indefensas

que lo único que hicieron

fue tener la mente mal



NOJA LLORA

 

¿Ay! que se va mi gente,

que mi gente me abandona

amigos que no quisieron

ya se han ido para siempre.

 

Para ellos yo tenía

además de cuerpo, alma

y en sus ojos yo veía

todo el amor que me daban.

 

¡Ay! las lluvias llegan

¡Ay! que sóla te quedas

vacía de mis quereres

al paraíso se van

los que temblaban al verme.

 

En mi cielo se refleja

mi pesar y mi congoja

lloro por aquellas gentes

que no volverán a Noja.

 

Siempre estuvieron conmigo

siempre vinieron a verme

aquí dejaron amigos

cuyo dolor me conmueve.

 

Nojeños de corazón

siempre estaré con vosotros

pues aquí habéis dejado

vuestros hermosos retoños

 



igo




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